ESCRITOS

Radio Alicante Cadena Ser
Artículos escritos por Anabel Sáez para el programa En clave de música

 

Violín sobre fondo naranja
 Artículo para Revista aniversario Cadena SER “SER musical”

 

almantiga 15
Revista Música Antigua 2015

 

Almantiga 2017
Revista Música Antigua 2017

 

REFLEXIONES SOBRE LA MUSICA Y SUS EFECTOS EN LAS PERSONAS DE CUALQUIER EDAD

Los beneficios de la música son numerosos y muy deseables, ya que estimula la creación de conexiones neuronales que nos permiten desarrollar la creatividad y la capacidad expresiva y la memoria, mejora la concentración y la capacidad para resolver problemas. Estimula las capacidades de abstracción, relacionándose muy positivamente con el desarrollo de cuestiones matemáticas y la visión espacial. Además fomenta la disciplina y el sentido de la responsabilidad, el autocontrol y la paciencia. Físicamente la música ayuda en el desarrollo de la psicomotricidad, el equilibrio y la armonía rítmica de nuestro cuerpo. Y a nivel emocional nos transmite, canaliza y libera diferentes estados de ánimo, conectándonos afectivamente nuestro entorno alcanzando gran bienestar y felicidad. En nuestra sociedad actual la música es necesaria con urgencia.

La música da alma al universo,
alas a la mente,
vuelos a la imaginación,
consuelo a la tristeza,
y vida y alegría a todas las cosas.
Platón

Desgraciadamente estamos inmersos en un mundo de música simple y tosca, en la que la melodía, el ritmo y la armonía se reducen a poquísimos elementos, nos llega en ambientes ruidosos, y muchas veces amplificada hasta niveles realmente molestos, lo que empobrece enormemente nuestra cultura musical y nuestras capacidades musicales.

Y sobre todo nos estamos perdiendo muchas músicas de calidad por desconocimiento, por falta de programación, o porque la música se ofrece en lugares no aptos para familias con niños, o simplemente creemos que no vamos a entender por ‘serias’. Cuántas veces decimos después de un concierto: yo no entiendo, pero me ha gustado. Ahí está la clave: hay algo en la música que nos estimula fuertemente, que nos atrae y fascina, pero no podemos disfrutarla y comprenderla porque no se nos ha ofrecido una formación musical mínima.

Incluso el sistema educativo convencional  se ha centrado en la enseñanza explícita del lenguaje musical desde una programación muy rígida, reduciendo la experiencia musical a una descodificación de la partitura y al desarrollo técnico desde la práctica mecánica, memorística y teórica. Dar la espalda a la intuición y a la creatividad no ayuda a la comprensión ni a la interiorización, ni ayuda a que los jóvenes disfruten en los conciertos o asistan con más frecuencia y pasión. Una verdadera lástima tantos recursos, talento y tiempo desperdiciados. Nos queda mucho por hacer…

MIS PROPUESTAS METODOLOGICAS

Desde la calidad de la música clásica, que será herramienta esencial indispensable para el desarrollo auditivo de los niños y se convertirá en la base de su cultura musical.

Observando la felicidad que proporciona al ser humano hacer, recibir y compartir música, se debe partir de la escucha y la experimentación en un ambiente de estímulos musicales de calidad, respetando el desarrollo del niño y sus condiciones musicales innatas. La observación del alumno y el respeto hacia su ser creativo serán nuestras premisas, atendiendo sus necesidades e inquietudes desde una pedagogía que guía y acompaña.

Se debe partir de la estimulación sonora y la interiorización del lenguaje musical, de la misma manera en que se aprende el lenguaje hablado: escuchar, imitar, crear pensamientos, jugar con la sintaxis, adquirir un vocabulario, y poco a poco las habilidades de lecto-escritura. En el caso de la música se trata del mundo de los sonidos y las emociones que la música desencadena, en lo que se ha llamado el lenguaje de las emociones, que utilizamos para expresarnos afectivamente más allá de la palabra.

La música, al igual que el teatro y la danza, es una disciplina artística cuyo desarrollo y expresión ocurren en el tiempo, por lo cual la clase necesita una duración amplia que permita sin prisas el trabajo de nuestros contenidos: la experimentación, la improvisación, el manejo de instrumentos, el canto, el silencio, el ritmo personal y grupal natural, el diálogo musical, el ensayo… todo encontrará su lugar.

En todas las culturas la música en grupo ha facilitado al individuo enormes beneficios, desde la socialización, el desarrollo de la escucha, el trabajo en equipo, hasta la paciencia y el compañerismo… y sobre todo la gratificante experiencia de tocar en grupo. Por ello nuestro método parte de la colectividad como el espacio donde la música alcanza pleno sentido como manifestación individual, social y espiritual.

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“El clave y sus encantos”. Revista La Tecla 2014

¿Qué tiene el sonido del clave que tanto atrajo y atrae a nuestros oídos y almas? ¿Qué magia tiene que seduce, enerva, calma y conmueve? Probarlo cuando eres niño es una experiencia inolvidable que solo deseas repetir, tocarlo cuando eres adulto es un escalofrío de sensaciones y reminiscencias; escucharlo y saborear sus músicas te convierte en testigo y parte de nuestra historia.
Su mecanismo es simple: al pulsar la tecla haces subir un saltador colocado en el otro extremo de la palanca, este saltador lleva insertados una pequeña púa que pinza la cuerda y un fieltro que la apaga cuando sueltas la tecla; esta sencilla acción permite una cantidad enorme de posibilidades de articulación desde el teclado, y gracias a los registros, juegos de cuerdas de timbre diferente que se activan o desactivan a gusto del intérprete, se consiguen diferentes texturas, todo lo cual dota al instrumento de una gran capacidad expresiva y colorista.
El clave fue el instrumento de teclado más versátil y apreciado durante más de cuatro siglos en Europa, un periodo vastísimo de tiempo que aprovechó para colarse en palacios, casas de nobles y plebeyos y todo tipo de salas y teatros, tocado a solo o como acompañante ideal para voces e instrumentos, pasando así a formar parte esencial de toda la música antigua. Su evolución estuvo siempre ligada a las necesidades de la práctica musical, al gusto de público y compositores, y podemos conocerla gracias a una amplia bibliografía, a multitud de fuentes iconográficas y al trabajo de recuperación de constructores, musicólogos e intérpretes.
Los primeros instrumentos de cuerda con teclado nacen a partir del salterio y el micanon (cuyas cuerdas se percuten con macillos o bien se pinzan con los dedos) a los que se acopla un teclado desde el que se podía accionar las cuerdas gracias a un mecanismo. De ahí derivan dos familias de teclados, los de cuerda percutida (clavicordios, fortepianos y pianos) y los de cuerda pinzada (claves, espinetas y virginales), siendo esta última familia la que nos ocupa. Los más antiguos instrumentos aparecen ya documentados a finales del siglo XIV, eran pequeños y se apoyaban en el cuerpo:  el exaquier y el clavisimbalum (cuerdas perpendiculares al teclado), el clavicytherium (cuerdas en vertical), y poco después el virginal (cuerdas paralelas al teclado). Éstos, y algún otro experimento más, permitieron en la Edad Media tocar adaptaciones de danzas monofónicas (estampie), chansons o motetes  o recrear temprana polifonía como la de Machaut o Landini, y, bien seguro, improvisar toda suerte de música. Es característica de esta música un gran virtuosismo en la mano derecha, encargada de hacer melodías más o menos ornamentadas, mientras la izquierda hace un acompañamiento con una escritura muy rudimentaria (posiblemente se improvisaba a partir de ella). Para disfrutar de este repertorio contamos con el Faenza Codex, el Robertsbrige Codex, y con los Preludios de la Ileborgh Tablature.
Durante el siglo XVI estos instrumentos fueron madurando, creciendo y transformándose en instrumentos nobles, y, gracias a su cada vez más profusa decoración, en obras de arte. Para ellos se escribió infinidad de repertorio cada vez más específico (hasta ahora se tocaba todo indistintamente en órgano o clave), como ingeniosas variaciones sobre bassi ostinati o sobre danzas de moda, adaptaciones de polifonía, canciones y madrigales, y multitud de piezas de estilo improvisado. Al estudiar las obras para teclado de grandes como Byrd, Scheidt, Sweelink o Cabezón observamos que su interés, gracia y riqueza reside en las infinitas y virtuosas ornamentaciones melódicas (glosas), en el trabajadísimo contrapunto y en la presencia por fin de acordes en estereotipados acompañamientos, una delicia de música para intérprete y oyente.
LLega el estilo barroco en el seicento y el clave adquiere fuerza como instrumento solista, dedicándole sus mejores páginas compositores como Frescobaldi, Rossi o Pasquini en Italia, Bull y Purcell en Inglaterra,  Chambonières, L. Couperin, D’Anglebert o Marchand en Francia, Buxtehude en Alemania… Su legado fue una buena cantidad de suites, sonatas, variaciones, danzas y piezas de estilo improvisado, piezas con las que empezaban a definirse los llamados “estilos nacionales” en Europa. Pero también se convierte en instrumento imprescindible para la realización del basso continuo en todo ensemble instrumental y vocal, aportando su timbre inconfundible, su potencial armónico y rítmico y su capacidad declamatoria: lo encontramos siempre impecable y elegante en las arias y recitativos de la recién nacida ópera y en los conciertos instrumentales, pero también como instrumento concertante en las sonatas a dos y a tres partes.
Hacia el siglo XVIII, gracias a constructores como Ruckers-Couchet, Blanchet-Taskin o Hass, el clave se convierte en un instrumento de sonido robusto, grandes dimensiones e infinitas posibilidades: doble teclado, tesitura ampliada, nuevos registros y preciosa decoración rococó. Igual de grandioso es el repertorio de este tiempo, que lleva el potencial del instrumento a su máximo esplendor: sólo hemos de apreciar el virtuosismo, riqueza y gran dificultad de las Sonatas de Scarlatti, las monumentalidad de la obra de J. S. Bach, las bellas suites de Haendel, el refinadísimo y exclusivo legado de F. Couperin o la elegante y colorista música de Rameau, entre tantos otros que no caben en este breve artículo.
A mediados del siglo XVIII vino una rápida decadencia del clave con la llegada del Clasicismo y su preferencia por el pianoforte, más afín a la nueva estética. Y tras un siglo prácticamente desaparecido, a principios del XX comienza un movimiento de recuperación con la construcción de clavecines de factura moderna para recrear el repertorio antiguo, aunque no es hasta los años 60 que se inicia la verdadera recuperación de la música antigua interpretada con instrumentos originales y con criterios históricos. Es aquí donde nace nuestra fuerte pasión, la de intérpretes, estudiantes, constructores y musicólogos, los que estamos dispuestos a leer los tratados antiguos en italiano o francés (en el mejor de los casos), a practicar horas buscando una articulación interesante, a intentar dar vida a una partitura sin signos de interpretación, a cargar el instrumento en el coche, a la propia espalda o en el extra seat y viajar donde haya concierto, clase o ensayo, en fin… los que hemos encontrado en la música antigua una forma de expresión y un refugio para el alma. La mejor salida profesional es la que te hace así de feliz.
Anabel Sáez Sarrio, clavecinista